Los días comenzaron a
pasar rápidamente, y Ayato solamente había visto a Kaneki en sus tutorías que
eran 2 por semanas desde aquel incidente con Houji, pero este no le había
dirigido la palabra desde entonces, desde hace 2 semanas simplemente se refería
a él como “Kirishima-kun” cuando le pedía responder algo en el salón de clases
o que se dirigiera al pizarrón para explicar cómo se hacía tal ejercicio, el
tiempo restante se dedicaba a ignorarle poniéndole atención a otros alumnos,
incluso un día, cuando Ayato le había mirado durante toda la clase simplemente
el albino había hecho caso omiso de tal acción.
¿Por qué le resultaba tan
molesta esa situación? Debía de estar loco como para que aquello le afectara,
es más, debería de estar feliz porque Kaneki le dejase en paz después de todo
aquel incidente. Solo era un vecino más, un tipo que vivía en el piso de arriba
del suyo, el tipo que había resultado ser su profesor asignado en clases de
tutorías. Pero lo más molesto era que ese hombre que tanto le irritaba al de
cabellos índigos, comenzaba a llamar su atención después de aquel sueño que
había tenido. Claro, como podía alguien olvidar que llego tarde a la escuela y
tuvo que quedarse con dos cubetas de agua en el pasillo por tres horas como
castigo gracias a que había tenido que masturbarse para bajar la erección que
se produjo al soñar con Kaneki Ken. Aun le daba vergüenza recordar aquello; y
no había sido el único sueño que había tenido desde entonces, últimamente el de
cabellos albino se colaba tanto en sus sueños como en su mente y eso disgustaba
a Ayato porque se había prometido a si mismo jamás tener ese tipo de emociones
especiales hacia alguien, no importaba si fuera mujer o hombre, simplemente
estaba prohibido para él.
—Kirishima-kun, ¿Puedes
mostrarle a tus compañeros como se traduciría el texto en inglés que estoy
leyendo? —Solicito Kaneki al menor quién parecía estar distraído en aquel
momento, era la tercera semana de tutorías que impartía en la escuela, faltaban
solo 1 semana para los exámenes y los alumnos habían aprendido bastante, sobre
todo Naki uno de los chicos del salón de Houji quien tenía una memoria bastante
mala pero se esforzaba para lograr comprender los contenidos.
—¿Cuál? —Preguntó el menor
mirándole a los ojos con fastidio.
—Deberías de estar más
atento. Sé que no necesitas tutorías pero si te han asignado aquí es por algo
¿no? A menos que tengas algo que decirme—Dijo inexpresivo y serio mientras
esperaba a que el de ojos azules comenzara el texto que le había pedido leer.
—Tch… Tú que sabes —gruño
con irritación mientras miraba el texto y luego al chico más alto, de alguna
manera había entendido aquella psicología inversa, y no dejaría que este se
permitiera meterse en sus asuntos— Estas bromeando ¿no? —Solo obtuvo un
arqueado de ceja de parte del contrario afirmándole que no estaba jugando,
realmente tendría que leer aquel texto que le causaba incomodidad. Dando un último
suspiro y de mala gana, comenzó— “Pensé
que había cerrado mi corazón para no enamorarme otra vez, de repente —miro con
una mueca, en realidad no era bueno en entender este tipo de textos pero aquel
era como si fuera directamente para él y no le parecía en lo más mínimo gracioso
sentirse identificado con aquel montón de palabras— Apareciste en mi vida y me di
cuenta que estaba tan equivocado, porque cuando menos lo note, pude verte
entrando por la puerta de mi destino, llegaste sin avisar, simplemente te
colaste en mi vida y ahora pareces inundar todo lo que soy”… ¿con eso
basta o quieres que continué? —Kaneki por primera vez pareció darle una leve
sonrisa desde hace mucho tiempo por lo que con un poco de vergüenza el menor
desvió la mirada preguntándose a sí mismo «¿Porqué
si quiera se había avergonzado? todo era culpa del texto, no tenía nada que ver
con Kaneki»
se dijo a regañadientes por su propia impropia forma de actuar.
—Bien Kirishima-kun, lo
has traducido bastante bien. Todos han mejorado sus notas en este último
tiempo. Realmente los felicito y sé que en sus exámenes les irá completamente
bien. Se han esforzado mucho, así qué, pronto no tendrán que volver a verme la
cara —Dijo en tono bromista a lo que muchos se rieron a excepción del chico de
cabello azulado quien por un momento pareció razonar aquellas palabras «¿Entonces, no volveré a verlo?».
—Hey, Ayato —hablo Naki
acercándose al de cabello índigo, llamando así de repentinamente la atención
del más bajo. Le habían asignado terminar de traducir algunos textos en ingles
para mejorar la gramática— ¿Qué piensas de Kaneki-sensei? —Preguntó logrando
que Ayato se pusiera nervioso. «¿Qué
pensaba de él? Aparte de que era malditamente atractivo, amable y a veces solo
quería follarselo» aparte de eso, no había nada que
pensara de aquel idiota.
—¿Qué se supone que debo
pensar? —dijo con tono descortés mintiendo al rubio frente a él, Naki era algo
irritante pero no le desagradaba y se habían hecho amigos, pero no iba a
decirle algo como lo que pensaba del maestro de tutoría o más bien su vecino de
edificio.
—No lo sé ¿No te gusta un
poco? Pareces mirarlo mucho y yo me preguntaba si te llamaba la atención…
Estaba pensando invitarle a salir. Solo tiene 20 años por lo que quizás tenga
una oportunidad de invitarlo a una cita —dijo Naki mientras le echaba una leve
mirada al mayor.
—No le encuentro nada en
particular que llame mi atención, sólo es otro aburrido maestro de escuela —mintió
una vez más el más bajo «Claro
un aburrido maestro de escuela que se colaba en sus sueños y hacia un montón de
cosas que jamás imagino hacer con nadie»— solo es un
jodido profesor suplente y si sales con él simplemente no me lo cuentes, no es
de mi interés esas mierdas maricas —gruñó tratando de sonar normal aunque no le
vendría para nada bien estar escuchando a Naki gemir encima de él por las
noches.
Él menor termino de
completar la actividad encomendada para la clase de reforzamiento en inglés y entregárselo al
tutor.
—Hey idiota, aquí tienes —Dijo
con sorna— ¿Me puedo retirar, verdad?
—Como desees Kirishima-kun,
no es tú obligación permanecer en mis clases si no es de tú agrado —comentó
restándole importancia al asunto. En aquel momento nunca levanto los ojos hacia
Ayato, cosa que nuevamente había conseguido molestar al más joven y pensar que
realmente deseaba volver a patear el trasero de aquel arrogante profesor que se
atrevía a menospreciarlo.
Tomo sus cosas y Salió del
salón, no es que le importara que él mayor le prestara atención ni ninguna de
esas mierdas o al menos eso es lo que pensaba Ayato, pero por alguna razón le
molestaba más cuando este parecía estar más atento a Naki.
—Tch… jodete cabrón de
mierda —murmuro antes de salir del salón.
—Ayato —lo escucho
llamarle pero simplemente le ignoro.
—Creo que los salones de
arriba están desocupados —suspiro mientras subía las escaleras con pesadez—
Maldito idiota cabeza de nabo blanco —murmuro para sí mientras masajeaba su
cabello; entro a uno de los salones del segundo piso. Se sentó en uno de los
pupitres mientras posaba sus manos en este, recostándose sobre ellas. No estaba
cansado ya que había estado durmiendo bien a excepción de esos sueños
pervertidos, pero no quería volver a casa o de lo contrario seguiría pensando
en el albino y sus sueños no ayudaban a aminorar el repentino deseo de tocarlo.
Cuando por fin se relajo
sintió unos pasos dirigiéndose al salón en el que se encontraba.
—Mierda, no pueden dejarme
en paz justo ahora —recrimino por lo bajo de mala gana el menor mientras
cerraba sus ojos fingiendo estar dormido, así quizás el intruso se largaría o
esperaría a que se acercara para darle el puñetazo de su vida al idiota que
osaba interrumpirle.
—Ayato-kun, no deberías
dormir aquí —escucho mencionar, aquella voz tan jodidamente irritante y a la
vez que tanto le fascinaba hizo que su corazón diera un repentino vuelco «¿Qué está haciendo aquí?» pensó el
menor. No se suponía que el mayor le hubiera seguido—
Pensé que se iría a casa pero subir a
los salones de arriba solo para dormir, este chico realmente es impresionante.
El albino se acerco hasta
Ayato para mirarlo fijamente. Su mano se deslizo cálidamente por la blanquina
piel, tocando la mejilla del chico más joven y agradeciendo que el chico
tuviera los ojos cerrados, habría sido el golpe que le había dado Ayato o quién
sabe que fue, pero no había podido quitarse al chico de la cabeza. Ayato realmente
le parecía guapo, desde el primer momento en que había abierto la puerta hace
tres semanas atrás y este le estaba pidiendo que dejara de follar. Su cara de
fastidio con aquel toque adorable al menos a su parecer, su cabello revuelto y
azulado que parecía ser tan suave como la seda, y esos ojos, los ojos de Ayato
revelaban todo un mundo para Kaneki, parecían ser esos ojos que podían expresar
todas sus emociones. Podían ser apacibles pero al instantes cambiaban volviéndose
una tormenta capaz de arrasar con todo. Pero había un problema, Ayato tenía quince
años es decir 5 años menos que él y parecía incomodarlo cada vez que Kaneki
estaba cerca de él, volviéndose algo hostil.
Ayato podía sentir la
delicadeza con la que el mayor tocaba su rostro «¿Está mal fingir estar dormido? ¿Debería pararlo?» Pensó mientras trataba de controlar lo nervioso que le
ponía aquella situación «¿Por qué Kaneki lo estaba tocando de esa manera
tan cálida? No, es más, porque se sentía bien que le tocara haciendo que todo
su cuerpo se erizara».
—Ayato… —susurro el mayor
al igual que tantas veces lo había hecho en los sueños de quien los labios
habían nombrado. «Maldición»
maldijo en sus adentros, Ayato. Porque él debía pronunciar tan bien su nombre.
Sentía como una electricidad recorría su cuerpo hasta depositarse un poco más
debajo de su estomago, oprimiendo deliciosamente aquella zona.
Sintió como él aliento del
mayor chocaba en sus labios lentamente lográndolo que su respiración
repentinamente se agitara «¿Va
a besarme?» pensó mientras sus ojos se apretaron con algo de fuerza
inconscientemente esperando a que el mayor ejecutara la acción, pero Kaneki jamás llego a tocar sus labios.
—Ayato-kun, ¿En qué
momento dejaras de hacerte él dormido? ¿Por qué estabas fingiendo? —pregunto
mientras se sentaba en la silla del siguiente pupitr entretanto miraba al joven
de cabellos índigos abrir sus ojos como platos y sus mejillas drásticamente
sonrojadas por haber sido descubierto.
—No sabía que eras tú
hasta que hablaste idiota, pensé que podría ser otra persona por lo que si me
veía dormir me dejaría en paz —murmuro sin querer mirarlo por la vergüenza que
sentía ¿En qué estaba pensando? Querer que su maestro lo besara estaba
completamente fuera de lugar, sobretodo porque se supone que debía odiarlo, no
desearlo.
—Pero sabías que era yo
cuando escuchaste que te llame ¿no? —dijo divertido mientras posaba sus ojos en
los de Ayato— Entonces ¿Por qué fingías?
—Pensé que te retirarías,
no que te ibas a quedar —se defendió— ¿Por qué estás aquí de todos modos? No
estabas dando clases a los otros idiotas —dijo restándole importancia y
cambiando el tema.
—¿Estas celoso por qué no
te presto atención a ti?¿Quieres clases particulares? —dijo con un tono
coqueto aun sonriendo cosa que hizo
ruborizar a Ayato poniéndole aun más rojo de lo que estaba si aquello era
posible.
—Tch… claro que no, hijo
de puta. Solo no entiendo porque me seguiste deberías de ir a leer tu maldito
libro y dejarme en paz de una buena vez —Dijo con una mueca que revelaba sus
labios— además apenas y hemos hablado estos días ¿Cuál es la razón de que me
sigas?
El mayor parecía estar
confundido.
—¿No fuiste tú quien dijo
que te dejara en paz, Ayato-kun? —pregunto observando al chico frente a él.
—… —Ayato pareció vacilar
un poco— No es como que quiera que me hables ni
nada, pero has estado llamándome Kirishima-kun esto, Kirishima-kun
aquello, y no has estado jodiendo como los primeros tres días —mordió un poco
su labio sonrojado, aquellas palabras realmente habían sonado como si realmente
deseara que este le dirigiera la palabra.
—No sabía que te sintieras
tan solo Ayato-kun —dijo acariciando la mejilla del contrario cosa que hizo al
menor alejarse por la sorpresa del tacto.
—No seas malditamente
jodido idiota, yo no dije que me sintiera solo. Te odio, no quiero nada que ver
contigo pervertido así que no te hagas ideas —Dijo sonrojado mientras hablaba
algo fuerte— y no me toques sin mi permiso.
—¿Entonces si tengo tu
permiso, puedo tocarte? —preguntó tirando del mentón del menor hacia él.
La pregunta había dejado
un poco shockeado al más joven por lo que no respondió a la pregunta del albino
él cual aprovecho para acercar sus labios a los del menor.
—Entonces Ayato… ¿tengo el
permiso de tocarte? —susurro en los labios del chico mientras sus ojos
depredadores se posaban en los índigos frente a él. El menor cerró sus ojos con
cierta vergüenza y sin responder nada él mismo acerco sus labios hacia los de
Kaneki “Solo estoy tratando de quitarme esta maldita sensación, no es que
sienta nada por este bastardo” se trato de convencer.
Kaneki no pudo evitar sonreír
mentalmente al sentir como Ayato había unido sus labios de manera casta e
inocente a los suyos, por lo que comenzó a mover los suyos encima de los del
menor, tocándolos con cuidado. Poco a poco Ayato correspondió moviendo de la misma
manera que Kaneki, entreabriendo levemente sus ojos para ver la expresión que
tenía el contrario.
—Ayato… quiero tocarte —susurro
entre sus labios con una voz que caló en lo más profundo del fuero interno del
joven.
Aquello trajo a la
realidad al menor y le miro con el ceño fruncido.
—¿Qué? —se alejo
repentinamente quitando con brusquedad la mano del mayor— te dije que no soy tú
puta, maldición, no tengo ese interés en ti —sabía que era mentira, realmente
sentía una fuerte atracción por el hombre que tenía frente a él pero no estaba
interesado en ser una maldita puta como las que quizá llevaba el mayor a su
casa, esas que había escuchado más de una vez.
Kaneki le observo algo
confundido, primero lo besaba y ahora le estaba diciendo todas esas cosas lo
cual logro irritar al mayor completamente por los extraños cambios de humor que
tenía siempre Ayato.
—Bien, tienes razón, no
estoy para aguantar mocosos idiotas como tú —Dijo con frialdad mientras se
levantaba y tomaba el cabello del menor con brusquedad, jalándolo para que se
levantara y quedara un poco más cerca de su rostro— pero no me importa
realmente si quieres o no —dijo mirándole con inexpresivos ojos mientras lo
tiraba con fuerza hacia la mesa dejando su estomago pegado a la tabla del
pupitre y el trasero del menor casi totalmente expuesto a él.
—Aahh… joder suéltame
maldito demente—dijo quejándose por él dolor que sentía en su cuero cabelludo y
estomago al haber chocado contra la madera.
—hace un rato estabas besando
al maldito demente, Ayato-kun —Dijo con voz fría e inexpresiva voz dejando que
su mano se mantuviera con fuerza en el cabello del menor, aplastándolo contra la
mesa para evitar algún posible escape. Odiaba que Ayato dijera que no deseaba
tanto esto como él, odiaba que le llamara marica cuando había visto tantas
veces aquellas miradas que le dedicaba, y aquel beso anterior— Voy a disfrutar
cada centímetro de ti, Ayato —vocifero acercándose al oído del más joven,
susurrando de manera seductora mientras apegaba su cuerpo al de Ayato logrando
que su virilidad chocase con el trasero de chico de cabellos azulados.
—Kaneki… —gimió cuando
sintió el cuerpo de Kaneki tan cerca del suyo— voy a matarte si no te quitas,
ya te dije que no quiero hacer esta mierda contigo, solo alejate. —Amenazó,
pero en su voz había aquel tono que denotaba que estaba temeroso de lo que
podría pasar.
—¿Oh, entonces con quien
quieres hacerlo? Crees que no lo noto —los labios de Kaneki bajaron lentamente
por el cuello del ojiazul, esparciendo pequeñas mordidas en la piel blanca
ajena.
—Con nadie… no quiero
hacer esto con ahh… bas…ahh..ta —gimió hablando con dificultad por las mordidas
que recorrían un camino en su clavicula y más cuando la mano del mayor comenzó
a masajear su entrepierna con la mano libre sin dejar de trabajar en su cuello,
el menor soltó pequeños siseos involuntarios de sus labios con rabia por
sentirse tan vulnerable, tan patético por dejar que la excitación de su cuerpo
fuera provocada por un inútil que solo lo quería para follarlo.
—Simplemente deberías ser
más honesto, Kirishima-kun —dijo sin emoción alguna, el mayor ni si quiera
sabía porque se había irritado tanto Ayato, estaba claro del disgusto que
causaba en el menor y con esto seguramente iba a odiarlo aun más, pero no pudo
detenerse a si mismo, había estado imaginando como sería tocar al menor una y
otra vez hasta el punto de que él mismo no podía dormir por las noches, ni si
quiera podía pensar en otra persona que no fuera Ayato, soñando con esa mirada
y aquellas mejillas teñidas por el calor de sus cuerpos. Kaneki sin si quiera
inmutarse metió su mano en el pantalón de ayato, al principio con algo de
brusquedad tocando desde la base hasta la punta, logrando que el menor gimiera
quejándose del dolor que había provocado el tosco movimiento, pero poco a poco
fue bajando la presión, acariciando la base con cuidado, mientras con su dedo esparcía
por la punta el presemen que el orificio de la virilidad del chico más joven
comenzaba a segregar y volviendo a bajar una vez más hasta su base, conociendo
la piel caliente de Ayato.
—Ahh..ahh…¡demonios!
Kaneki… no… no sigas tocando maldición —gemía sin poder moverse por la posición
incómoda en la que el mayor le tenía. —Si sigues tocando voy a..ahh…—él mayor
no le hizo caso alguno, jugaba con todo a su paso, acariciando el pene de su
pequeño vecino, la base, el mango, los testículos e incluso aquella zona antes
de llegar a su entrada sintiendo como ayato temblaba de placer bajo su cuerpo.
—Ayato… di mi nombre —murmuro
cuando sintió que el menor estaba a punto de correrse.
—No voy aahh... no voy a
decir esa mierda —dijo con rebeldía pero el mayor no estaba dispuesto a soportarlo
esta vez, poso su pulgar en la punta del menor evitando que este se pudiera
correr.
—Si no lo dices, no voy a
dejarte hacerlo ayato-kun —impuso mientras tiraba con un poco de fuerza el
alfiler de gancho que el menor tenía en su oreja con sus dientes, este se
quejaba de dolor con aquella voz excitante. Estaba luchando por controlarse y
no hacerle alguna cosa más— Entonces… Ayato-kun ¿Qué castigo eliges? Sufrir por
no poder correrte o solo ser un buen chico y decir el nombre de la persona que
te está haciendo gemir de placer en este salón —le molesto con voz ronca y de
descarada sorna.
—Te odio cabrón…ahh...—gimió
una vez más sintiendo el dedo del mayor retirarse y su voz grito con fuerza el nombre
de kaneki cuando por fin tuvo libertad para soltar su esencia, manchando su
propio pantalón y la mano del mas adulto.
—Buen chico —susurro— ¿quién
diría que podrías correrte tanto? tendrás que hacer mucho para quitar esa
mancha de tus pantalones —murmuro silbando con malicia, alejándose del menor y
retirándose a la puerta, antes de irse completamente hecho una mirada al agotado
joven que luchaba por recobrar su respiración, sus mejillas deliciosamente
teñidas por un color carmín y apretando con impotencia sus manos en la posición
que lo había dejado cuando se retiro.
—Maldito voy a matarte la
próxima vez —murmuro para sí Ayato cansado mientras su mente imaginaba mil
formas de poder matar al albino que había osado avergonzarlo de semejante
manera.
Lo peor de todo es que
pese a que Kaneki había sido brusco, se había encontrado a él mismo disfrutando
del tacto del mayor.
—Definitivamente lo matare
—amenazó a la nada antes de tomar sus cosas e irse maldiciendo lo que le estaba
pasando hasta su casa, definitivamente el mayor iba a pagárselas, después de
haberlo ignorarlo se atrevía a hacerle correrse solo por propia satisfacción.
Esto no lo olvidaría. Ayato definitivamente pensaba cobrarse de lo que aquel
pervertido de mierda se había atrevido a hacerle. Sin importar si el mismo
había sido auto satisfecho por ese descaro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario