El cuerpo de Ayato se
sentía agotado después de haberse corrido tras las acciones del Kaneki, su
pantalón se sentía tan asqueroso con todo su semen dentro de él aun pegajoso
por haber llegado al clímax y su respiración no se lograba regularizar
rápidamente. ¿Cuántas veces el menor habría soñado con Kaneki tocando su
miembro de esa manera? Sentir su espalda contra el estomago de su vecino
mientras le embestía una y otra vez hasta sentir como todos sus sentidos se
perdían en un solo momento… de alguna manera siempre terminaba masturbándose
cuando esos sueños llegaban, fuera de día, tarde o noche, siempre terminaba
tocándose a si mismo imaginando que era su vecino el que lo tocaba, y le
demostraba lo mucho que le deseaba. Sus ojos solían cerrarse dejando que su
mente vagara en las expresiones de Kaneki, esa que solía poner mientras leía
alguno de sus libros en el reforzamiento de literatura.
—¡maldición! —susurro el
menor poniéndose de pie para poder ir a casa— ¿Por qué se molesto tanto? —sus mejillas
aun se ponían rojas del solo recordar minutos antes cuando la mano suave del
mayor recorría su miembro una y otra vez, si lo pensaba bien, se sentía incluso
mejor que las veces que el mismo se había tocado, no había comparación para Ayato.
Tomo sus cosas dirigiéndose a la salida de la escuela aun meditando todo
aquello, también debía encontrar una forma de vengarse de Kaneki y solo quedaba
una semana para los exámenes, después volvería a ser solo su vecino porque su
practica en la escuela habría terminado. Una mano con brusquedad detuvo al
menor jalándolo hacia una de las aulas vacías.
—¿Pero que mie… —no pudo
terminar de hablar cuando vio a su maestro, Houji, que lo miraba con lo que
parecía irritación cosa que resultaba completamente incomprensible para Ayato. —¿Qué
mierda estás haciendo? Me voy a casa, no tengo tiempo para pelear con un
maldito viejo. —gruño Ayato dando la media vuelta pero el hombre mayor le
volvió a tomar la muñeca esta vez afirmándolo con tal fuerza que provoco que
una punzada de dolor se hiciera en la zona dañada.
—Kirishima-san, ¿Qué se supone
que estabas haciendo en un salón vacio con Kaneki-sensei? —pregunto con una voz
que logro poner nervioso al menor, no porque fuera agradable, más bien porque
daba un poco de miedo. Ayato sintió cierto mal presentimiento viniendo junto
con la pregunta de Houji.
—No es tu problema lo que
haga o no con ese bastardo —dijo en un gruñido el joven de cabello índigo
mientras trataba de liberarse del agarre de su opresor removiéndose incluso si
aquello causaba más dolor del que sentía, estaba a punto de perder la calma y
golpear a su maestro.
—Ya no puedes ir a clases
de tutorías —ordeno con poderío con su voz fuerte y masculina imponiéndole al
menor lo cual logro que este quedase mirándole con desconcierto.
—Pero que te sucede
maldito viejo, ya suéltame y fue tu jodida culpa que tenga que ir a tutorías,
no puedo solo dejar de ir —profirió Ayato tirando una vez mas pero Houji le
atrajo hacia él apretando con fuerza su mandíbula, logrando sacar un quejido
ahogado del más joven —¡Aaaahh! ¡basta!
¡Que te sucede! —gimió, era primera vez que su profesor actuaba de esa manera
tan brusca incluso siendo Houji.
—Te dije que ya no vas a
ir más a tutorias ¿crees que no lo sé? Acabo de ver como tú y ese maldito de
cabello blanco se besaban —sus labios formaron una sonrisa que causaba miedo
mientras miraba al más joven— ¿Qué crees que sucederá cuando se enteren de que
estabas follando con un maestro?
—No sé y no me importa, peor
será cuando sepan que estas golpeando a un alumno hijo de puta —Ayato dijo con
el enojo a punzo cortante dejando que sus uñas se clavaran en la piel del
hombre mayor al punto de sacar sangre de estas consiguiendo que le soltara por
las heridas infringidas. —La próxima vez voy a tirarte todo los dientes —amenazó
el menor golpeando una de las mesas derribándola con facilidad mientras Houji
tocaba su mano.
—Vas a arruinar la carrera
de ese chico, así como arruinas todo lo que tocas estúpido mocoso —dijo el
mayor con sorna. Él menor lo miro sin importancia mientras daba media vuelta
para salir del salón.
¿Qué había sido eso? Desde
cuando a Houji le importaban las cosas que hacía, no era como que él hubiera
deseado que Kaneki lo tocara solo había sucedido, pero Houji jamás le había
estado jodiendo a tal punto que le amenazara con acusarlo con la escuela por
intimar con un maestro. Sus mejillas se encendieron un poco “intimar” desde
cuando usaba ese tipo de palabras, si fuera sincero más bien fue Kaneki quien
le había profanado, él prácticamente no había hecho nada más que robarle un
beso que ni si quiera era un beso, había sido simplemente un choque de labios.
Llego al complejo de
apartamentos mientras buscaba su llave en su bolso, miro la escalera que iba
hacia el siguiente piso, el departamento de Kaneki. ¿Estaría ya en casa?
¿Debería contarle respecto a lo de Houji?
—Deja de pensar en él
maldición —se regaño a sí mismo— seguramente aun sigue enfadado quien sabe
porque mierda…
—Ayato-kun —el menor
escucho aquella voz por los pasillos por lo que a regañadientes le miro
tratando de disimular el sobresalto que había causado que la persona en la que
pensaba se dirigiera a él, sus mejillas nuevamente se iluminaron cuando le miro
a los ojos. No podía evitar pensar en lo de aquella tarde— ¿Por qué vienes
llegando tan tarde? —pregunto con cierta preocupación dado que había dejado
hace un buen rato al menor después de hacerle todo eso.
—¿Por qué será? —dijo el
menor rodando los ojos tratando de calmar su nerviosismo al ver al mayor tan
pronto— será porque un molesto idiota, pervertido, sexopata y pedófilo me ataco
por lo que tuve que esperar a poder caminar de buena manera gracias a la mierda
que se embarro en mi pantalón —gruño más sus ojos miraron con sorpresa cuando
el albino pareció soltar una carcajada y por extraño que pareciera Ayato más
que avergonzarse porque este se burlase de él fue porque lo primero que había
pasado por su mente había sido “Él realmente se ve bien con esa expresión”.
—¿En serio esperaste a que
se secara? —pregunto tratando de calmarse un poco, la mano del albino fue a sus
ojos limpiando una pequeña lagrimilla que había escapado por aquel ataque de
risas que había experimentado.
—¡Qu… Qué es tan
divertido, cabrón! —dijo sonrojado mientras observaba de reojos al mayor.
—Si esperas a que el semen
se seque tendrás problemas con sacarlo más tarde —explicó con una sonrisa—
usualmente deja manchas bastante feas, pero dado que yo provoque eso… —comento
un tanto avergonzado ¿desde cuándo él se sentía avergonzado? Era él quien tenía
la mancha de semen y el desgraciado osaba avergonzarse, Pensó el menor al ver
como el mayor masajeaba su cabellera— puedo encargarme de ello… además ¿Quieres
comer conmigo? Preparare algo delicioso —el menor aun no entendía el
comportamiento de Kaneki por lo que pensó un poco en si debía aceptar la
propuesta o no.
—Como quieras, solo voy
para que saques la mancha —se excuso, pero la verdad de alguna manera tenía
curiosidad de cómo era el departamento del mayor, en realidad tenía curiosidad
de saber muchas cosas de aquel pervertido últimamente pero eso no sería algo
que el menor admitiría menos frente al mayor.
—Claro Ayato-kun, por que
más vendrías. No creo que solo estuvieras usando eso para pasar el tiempo
conmigo —dijo en tono de broma el mayor mientras comenzaba a subir las
escaleras— Te prestare algo de ropa mientras tanto, así que puedes venir ahora,
después ya te cambiaras más tarde —propuso en tono amable mientras el menor
dando un ligero suspiro le siguió.
Ayato observo como el
mayor sacaba del bolsillo de su pantalón la llave de su departamento, su mirada
la cual había bajado observo desde las piernas hasta la nuca del mayor de
reojos esperando a no ser descubierto por él. Tenía unas piernas bastante
lindas, también su espalda se mantenía recta y masculina, nunca había visto su
espalda desnuda, su nuca también era linda daba esa pequeña sensación de querer
morder aquella piel aun más blanca que la suya y su trasero tenia lo suyo
incluso mejor que el culo de alguna de sus compañeras pensó el menor antes de
sentir la puerta abrirse.
—¿Estás bien Ayato-kun? —pregunto
el mayor viendo al joven algo distraído aunque había notado su mirada puesta en
su cuerpo, no le molestaba ser observado por este, aunque guardaría el secreto
por esa ocasión ya que no quería arruinar el pequeño momento que había logrado
con él menor.
—¿Por qué no habría de
estarlo? —pregunto vagamente mientras su mirada azulina se desviaba hacia
cualquier dirección menos a los ojos del hombre mayor frente a él.
—No lo sé, pareces algo
distraído… ¿será que estas nervioso por entrar a mi casa? —dijo con cierta
burla— los niños de escuela aun actúan tan tímidamente en ese tipo de circunstancia…
de verdad es algo tierno viniendo de ti, Ayato-kun.
—¡CALLATE IDIOTA! QUIEN
MIERDA IBA A ESTAR NERVIOSO DE ESTAR CONTIGO —grito sonrojado mientras mostraba
lo alterado que Kaneki le ponía. El mayor siempre sabía cómo irritarlo con sus
pequeñas bromas. —ESA MIERDA ES DE CHICAS Y YO NO SOY UNA. Jodido idiota—murmuro
lo último.
—En realidad eres más
lindo que las chicas —dijo en un tono coqueto mientras posaba su mano en la
mejilla de Ayato haciendo que el corazón del más joven diese un vuelco al punto
de sentirlo en su garganta por el quemar que producía la mano de Kaneki en su
piel— me gustan las expresiones que sueles poner Ayato-kun, aunque a veces te
comportes como un crio agresivo.
—Tch… es porque todo el
puto mundo busca sacarme de quicio —dijo metiendo las manos a sus bolsillos
mientras entraba a la casa del mayor.
—Aunque realmente no veo
que muchas personas se metan contigo, Ayato-kun, tienes problemas para hacer
amigos —exclamo cerrando la puerta tras de sí y dirigiéndose a la cocina— ¿Algo
que desees comer? —pregunto entretanto lavaba sus manos en el lavabajillas.
Ayato dejo sus cosas en el
sofá de la casa del mayor, era igual que su departamento pero a diferencia del
suyo el lugar estaba rodeado de libros, algunos incluso en el suelo agolpados
en un lote. También el olor del departamento era igual que el perfume que se
sentía en Kaneki, no tenía muy buen
gusto en decoración pero tampoco es que te sintieras poco acogido con su
ambiente, parecía una de esas bibliotecas antiguas y aburridas a las que iban
los cerebritos.
—Ve donde te sientas
cómodo —dijo acercándose hacia la posición de Ayato— es prácticamente igual a
tu departamento así que no tendrás problemas con encontrar las cosas ¿entonces,
quieres comer algo en especial? O hay algo que no te guste —pregunto el mayor.
—Cualquier cosa esta bien
mientras no sea picante —dijo Ayato volviendo su vista al mayor.
—Entonces preparare fideos
—musito mientras iba hacia la cocina
nuevamente para comenzar a buscar los ingredientes necesarios para la comida—
puedes ver televisión en mi habitación si lo deseas, o de lo contrario tienes
libros para estudiar o leer por toda la casa —dijo en un tono algo divertido.
—No me gustan mucho los
libros —comentó encogiéndose de hombros, no era que quisiera ir a la habitación
del mayor pero no de iba a poner a leer libros en esos momentos.
—Él que dice que no gusta
de los libros es porque no ha encontrado el libro correcto —profirió Kaneki
como si fuera un sabio. Tomo la mano de Ayato el cual le miro con una ceja
enarcada— ven, te llevare a la habitación, para que saquemos el pantalón —al
escuchar esas palabras Ayato se tenso.
—Jodido pervertido, sabía
que no debí haber venido —Soltó con un tono de irritación quitando su mano de
la de Kaneki con las mejillas sonrojadas.
—conejo idiota —dijo
Kaneki dando un suspiro— me refiero a que me entregues el pantalón y el bóxer
para poder lavarlos, no voy a hacer nada que no quieras —dijo el mayor con
seriedad— y lo de esta tarde no va a repetirse nuevamente así que solo deja de
pensar que voy a ir violándote todo el tiempo cada vez que estemos en la misma
habitación.
—¿Cómo me llamaste? —Gruño—
si me vuelves a llamar así de nuevo juro que te destripo. —Ayato le miro un
tanto desconcertado cuando escucho respecto a lo de que no se iba a repetir lo
de aquella tarde ¿Por qué le molestaba eso? No era que él sintiera deseo por el
mayor ni nada— no pienso que me quieras violar o algo parecido, idiota… ya vete
a cocinar, enseguida te llevo la ropa —dijo un tanto molesto empujando a Kaneki
fuera de la habitación antes de cerrarla refugiándose en el lugar— así que no
pretende tocarme más… una mierda, ¿qué me sucede? debería de estar contento —susurro
Ayato, dando un fuerte suspiro se tiro
encima de la cama del mayor, la almohada estaba impregnada en el aroma de
Kaneki— ¿Por qué mierda me afecto que dijera que no iba a repetirse? —Muchas
cosas rodeaban la cabeza de Ayato, incluso el hecho de que estaba en la misma
cama donde muchas mujeres al parecer habían pasado y habían tenido sexo con el
mayor— ¿Qué mierda me pasa?
El mayor preparo los
fideos y picó una que otra verdura cuando la puerta de la habitación se abrió,
se volteo para encontrarse con el menor
pero su corazón casi se paraliza cuando se encontró con aquella imagen. Ayato
había tomado una de las camisas de su armario que prácticamente le había
quedado grande, esta llegaba lo bastante abajo como para tapar sus muslos pero
dejando a la vista sus piernas por lo que el mayor tuvo que tapar su rostro
para ocultar su sonrojo, era primera vez que sentía que no podía controlarse en
presencia de alguien.
—¡hey Bakaneki! Saque tu
camisa, no encontré nada más aunque joder, maldito gigante —dijo molesto porque
el mayor fuera más alto sin dejar de ver lo grande que era esta, incluso las
mangas tapaban gran parte de su mano— Aquí tienes —dijo entregándole la ropa
manchada con el semen, realmente le daba asco y vergüenza pero no tenía idea
como quitarlo. Ayato estaba ajeno a lo que causaba en el mayor por lo que hablo
en un tono normal sin ninguna sensación de vergüenza ya que tampoco se
encontraba desnudo, había cogido la camisa y unos bóxer del más alto por lo que
no estaba muy preocupado de esto, pero para el albino aquella imagen del menor con
sus prendas le había causado un serio problema en cierta zona personal.
—Maldición —susurro para sí
mismo antes de acercarse a Ayato tanto como para apegarlo contra la puerta que
daba a su habitación. Kaneki lo único que tenía en su mente en ese momento es
lo mucho que deseaba al menor, lo deseaba con todo su ser. Ayato se sorprendió
por la forma en que Kaneki le había tomado, dejando tan poco espacio entre sus
cuerpos que parecía costarle respirar.
—Kaneki… oye… ¿Qué se
supone que estas… —sus palabras fueron selladas con un final por un beso
profundo, intenso y demandante que le hizo mirar al hombre frente a él quien le
hizo entender con solo una mirada que no pensaba detener sus acciones…
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