Los cálidos rayos del
sol llegaron a los ojos del menor incomodándole con su resplandor por lo que
sus azulinas pupilas se obligaron a abrirse pestañeando por varios segundos
como queriendo acostumbrar su vista a la luz que se extendía irritable aquella mañana.
Ese no era su apartamento, eso lo había notado apenas su visión había logrado
adaptarse «¿Dónde
me encuentro?» se pregunto entretanto analizaba el lugar, trato de incorporarse
como si su mente quisiera examinar cada detalle de esa mañana pero un horrible
quejido escapo de su garganta en el momento que sintió una enorme punzada
quemaba en su parte anal.
Lo primero que su
cerebro logro maquinar fueron las siguientes palabras «¡Maldito cabrón!» pensó
el menor apenas y sintió aquel dolor tan ardiente que quemaba su interior por
los desgarro en su entrada, ayer el mayor le había dicho lo que quería y había
sido tal cual, aun recordaba claramente aquellas palabras que resonaban tan
lucidas como en el momento en que aquel albino había soltado sus deseos para
con él «Quiero follarte tan duro que no podrás levantarte para ir mañana a la
escuela. Quiero que todos en este edificio escuchen tu voz gritando mi nombre
mientras tenemos sexo. Quiero que recuerdes durante todo el día a quien le
perteneces y luego volver a follarte una y otra vez nuevamente solo para que
sepas a quien le perteneces» Sí… apenas había sentido aquella molestia el primer nombre
que había vagado en sus pensamientos más profundos había sido Kaneki Ken.
Una alarma exaspero
al menor cuando repentinamente sonaba aquella melodía tan anticuada que tenían
aquellos celulares antiguos «”Over the horizon”». Sí, era normal
viniendo de un anticuado como Kaneki Ken, además, «¿Quién mierda tenía
libros por todas partes?¿Acaso se le había metido un abuelo al cuerpo?» Ese
pensamiento le hiso sonreír internamente, pero unas manos que se aferraron
fuertemente a sus caderas que se habían elevado suavemente para apaciguar el
dolor que tenían como objetivo atraerle más al cuerpo desnudo junto a él,
aquella piel sabía a quién le pertenecía, era más que obvio de quien era
aquella habitación. Sus recuerdos eran prueba de ello, había dormido con Kaneki
Ken.
—Buenos días, Ayato-kun —Dejo
escapar de sus labios una voz perezosa y soñolienta que hizo que una sensación como
cuando ponías la mano mal en un enchufe y una corriente recorría tu cuerpo
atravesara todo el cuerpo del más joven puesto que era primera vez que
escuchaba la voz masculina de un hombre al despertar y lo peor de todo es que
el de cabellos oscuros se había sorprendido a sí mismo pensando que era lo más
erótico que podría haber escuchado sus oídos en una mañana después del sexo,
aunque jamás había tenido sexo pero si fuera así todo los días realmente sería
agradable despertarse de aquella manera— ¿Cómo has amanecido? —dijo dándole
pequeños y numerables besos en la zona del hombro.
—¿Cómo mierda crees que
iba a amanecer? —Expreso refunfuñando entretanto aun sentía como el dolor de
aquella punzada seguía manteniéndose fuertemente en la zona que atacaba «Esta
mierda duele como el infierno» Se dijo a sí mismo el más joven— No sé, quizás…
No puedo mover el culo a disposición por qué un maldito me la metió toda la
puta noche —dijo el menor con un vocabulario tan decente como solo él sabía
usar.
—Eso solo sucede cuando es
la primera vez que experimentas ese tipo de intromisión, Ayato-kun —rió
divertido por la queja que había emitido el ojiazulino quien aun le daba la
espalda— No estés malhumorado y déjame ver tu rostro como es en las mañanas
después de tener sexo conmigo en tus fantasías.
—¡Cállate, Jodido
pervertido de mierda! —manifestó el menor rehusándose a mirar a aquel albino
quien aun daba besos en su hombro. Kaneki lanzo un leve bufido ante la protesta
de Ayato antes de usar un poco de fuerza y mover al más joven logrando que este
se posara sobre su cuerpo. Ayato podía sentir el torso desnudo de Kaneki
mientras ciertas zonas personales se mantenían algo pegadas.
—Así está mejor —dijo en
cierto tono picaron al haber logrado un bello sonrojo en las mejillas del menor—
¿sabías que entre más acostumbras la zona anal a tener algo este más se
acostumbra? ¿Por qué no ayudamos a que tu trasero se acostumbre? —dijo en tono
travieso posando las manos en el redondo y firme trasero del menor el cual
apretó descaradamente logrando que un gemido suave aunque mezclado con una
pizca de dolor saliera de los labios de Ayato— Aun tenemos tiempo antes de
irnos a la escuela.
—¿Piensas que voy a ir a
la jodida escuela cuando no puedo mover el puto culo? —Profirió molesto— oh,
mira como me pongo la ropa rápidamente para ir a esa mierda —su sarcasmo era
evidente.
—Eres todo un caso,
usualmente cuando la gente tiene sexo suele levantarse de buen humor… pero
contigo es todo siempre lo contrario —exclamo sin apartar la mirada de la del
menor entretanto alejaba una de sus manos del trasero de Ayato para acariciar
la espalda baja levemente obteniendo ligeros temblores de este.
—Eso es porque a ti no te
follaron toda la jodida noche, bastardo. —aunque no era algo que le molestara
puesto que lo había disfrutado, sentir como el mayor lo llenaba por completo
con su carne se consideraba demasiado “impresionante” si tuviera que
describirlo en alguna palabra. Pero, no había imaginado lo tortuoso que sería
cuando amaneciera. Su piel aun experimentaba aquella cosa pegajosa que el mayor
había soltado en el, en la noche había tenido que ir al baño para poder soltar
el semen que aun conservaba en su interior, había descubierto muchas cosas.
Como se sentía tener a un hombre en su interior, la sensación que le provocaba
Kaneki, el hecho de que tu cuerpo rechaza el semen después de un tiempo por lo
que este era expulsado por la irritación y el jodido dolor que se sentía
después de haber tenido sexo y más con el tamaño monstruoso que tenía el pene
del mayor ¿Qué tamaño tendría? Se pregunto el menor a lo que pronto movió su
cabeza a ambos lados logrando el interés del albino.
—¿En que estas pensando? —pregunto
curioso Kaneki.
—En nada idiota, y aunque
estuviera pensando algo no te lo diría. Además, ya te lo dije ayer… solo sería
una noche… nada más —desvío la mirada. No estaba seguro de no querer repetir
una vez más aquella maravillosa noche, pero no quería enamorarse del hombre que
estaba junto a él en esa cama.
—Si no quieres repetirlo
entonces mirarme a la cara Ayato-kun. —exigió Kaneki mientras observaba con
seriedad al menor.
—Si alguien descubre esto
vas a perder el trabajo, deberías de estar asustado. —se excuso el menor a lo
que obtuvo un resoplido del contrario.
—¿Estás seguro de lo que estás
diciendo? —pregunto serio.
—Sí, fue una mierda y no
quiero volver a tener el culo como lo tengo ahora. Olvídate de repetir esta
jodida estupidez.
Aquello pareció llegar al
albino el cual siempre se mantenía tranquilo esta vez estaba con el ceño fruncido
después de lo que el menor había confesado. “una mierda” “estupidez” “no lo
repetirían” el albino realmente se había enojado con las palabras que había
utilizado el más joven. Sin mucho cuidado lo empujo hacia el lado quitándolo de
encima mientras se levantaba de la cama. Escucho un pequeño quejido de dolor
del de cabellos azules.
—Como lo desees
Kirishima-kun. No va a repetirse, lamento haberte hecho pasar un mal rato
aunque eres un gran actor dado que gemiste como perra toda la noche —inquirió
el hombre de cabellos albinos con cierto desdeño.
—Nunca gemí como…—las
palabras de Ayato fueron cortadas cuando el mayor poso su mano en el mentón—
¿Qué…que estas…
—Kirishima-kun… —dijo
suave su apellido ¿Por qué decía su apellido?— No tienes derecho a negarlo, lo
hiciste… ahora bien, voy a cumplir con tú deseo. Sigue viviendo tal cual lo
hacías antes y yo… yo voy a seguir siendo como siempre. Olvidemos todo esto.
—Si… si como sea, no es
algo importante —expreso Ayato ceñudo mientras se levantaba, sus piernas por
momentos flaquearon cuando se puso de pie por lo que si no hubiera sido por
Kaneki quien rápidamente reacciono evitando su caída al tomarlo por la cintura
hubiera estado comiéndose la alfombra del suelo.
—Ten cuidado niño tonto —dijo
tranquilo— deberías quedarte hoy día… voy a llamar a la escuela.
—No te preocupes por la
jodida perra —dijo con enojo.
—Aya…Kirishima-kun, solo
estoy diciendo la verdad sobre los gemidos —Le miro por un momento— además de
estar satisfaciendo tus deseos ¿no eres tú él que dice que no quiere volver a
repetir esto? ¿No acabas de decir que
fue desagradable? Aunque no por eso voy a dejar que te lastimes, sigues siendo
uno de mis alumnos.
—Tch… eres tan jodidamente
amable que me irritas —gruño afirmándose un poco en el mayor.
—Lo sé, no entiendo muy
bien el hecho de desagradarte tanto Kirishima-kun, pero dado que apenas puedes
caminar te quedaras en mi casa descansando —dijo más que en petición fue una
orden. Ayato no tenía ganas de quedarse en ese lugar pero era verdad, no iba a
poder moverse si las piernas le tambaleaban tanto.
—Voy a quedarme hasta que
pueda moverme —murmuro algo avergonzado— pero quiero bañarme… me siento
bastante sucio, no quiero ensuciarle su cama sensei —dijo con sarcasmo mientras
rodaba los ojos.
—Eres tan tierno a veces —sonrió
fingidamente mientras tiraba una de las mejillas del menor con fuerza.
—Aoush… aoush!! No hagas
eso jodido imbécil pervertido. —gimoteo mientras posaba la mano encima de la
del mayor para quitarla. Un latido por parte de ambos resulto por aquella
acción, sus miradas repentinamente se mantuvieron unidas. Kaneki dudaba si
acercarse más, pero no podía aguantar las ganas de probar esos labios.
—Ayato… yo… —vacilo un
poco antes alejar su mano de la del menor y posarla en la mejilla de este. El
ojiazul observo la acción del mayor con algo de duda, deseaba besar al hombre
frente a él, su propio corazón se aceleraba… pero… no, enamorarse de Kaneki ken
estaba completamente prohibido, apenas este empezó a acercarse la mano de ayato
se poso en los labios del albino.
—Imbécil, que estás
haciendo… tengo que ir a bañarme ¿vas a ayudarme o no? —dijo tratando de
desviar la situación. Kaneki solo resoplo sin responder a la pregunta del
contrario y ayudándolo a caminar al baño.
“¿Por qué me rechaza
cuando a él realmente parezco gustarle?” se preguntaba el mayor mientras
depositaba al menor en la bañera.
—Sobre esas cicatrices…
¿puedo saber…—sus palabras fueron cortadas rápidamente.
—No puedes —dijo fríamente
el de cabellos oscuros— olvídate de ellas… yo también me he olvidado hace mucho
tiempo de que las tengo. —No era cierto, nunca podría olvidar todo lo que paso
cuando obtuvo aquellas cicatrices, el miedo lo consumía y los fantasmas del
pasado volvían reclamando el hecho de aun estar vivo.
—Comprendo… no preguntare
nada más respecto a esto —dijo el mayor antes de levantarse y dejar solo al
menor. Entendía bien que Ayato lo rechazara, no iba a insistir, al parecer
aquellas heridas traían consigo algo horrible que el menor deseaba sacar de su
vida.
Las manos de ayato se
enrollaron entre sus rodillas mientras dejaba que la bañera se llenara, aun era
demasiado temprano y Kaneki había dicho que llamaría a la escuela. Nuevamente
los recuerdos agolpaban las memorias de ayato, nuevamente sentía los gritos de
terror y dolor, una vez más veía a su madre tirada en el piso mientras el
lloraba intentado sacarla de aquel montón de escombros.
“¿Por qué crees que tienes
derecho a ser feliz?”
“Tu nos asesinaste”
“no te dejaremos ser feliz
jamás”
“Mataste a tú madre,
Asesino”
“nos mataste a todos, tú
eres un asesino”
Miles de voces de niños
pequeños agolpaban la cabeza de Ayato, le atormentaban, las lagrimas se colaban
por sus ojos mientras sus manos jalaban su cabello con desesperación.
—Lo… Lo siento… ma…madre…
lo siento… prometo… prometo ser un buen niño… Mamá…Mami… por favor perdóname… —se
lamento mientras un hueco se formaba en su pecho, el hueco del que trataba de
escapar.
“Eres horrible… esas
marcas siempre estarán en ti, monstruo”
“si no hubieras intentado
hacer aquello… aun viviríamos”
“Ayato-kun… ¿ya no me
amas?”
—Christa… yo… yo te quiero
—gimió
“te acostaste con él, como
puedes decir que me quieres. ¿no deberías dejar que el te haga feliz?”
—No… yo… no es eso, sabes
que yo no voy a dejar de quererte así solo porque me he acostado con alguien —explico.
“Ayato-kun, sabes que lo
mío no fue tu culpa ¿verdad?
—¿Qu..qué? —No, no era
así. Si había sido su culpa Ayato siempre se había culpado por la pérdida de
aquella persona— no quieras aliviar mi dolor, todo ha sido mi jodida culpa
“Aya-chan, Siempre te he
amado… no pierdas la oportunidad de ser feliz por mi”
—No me pidas que te
olvide… no puedo hacer eso christa.
“Aya-chan…
—Ayato-kun? ¿Sucede algo? —una
voz suave y tranquila elimino todas las voces de su pasado y la voz de aquella
chica que siempre estaba en el corazón del menor.
—Estoy bien… no tienes que
preocuparte tanto.
—¿Quién es christa? —Aquella
pregunta descoloco al menor ¿desde cuándo ha estado escuchando sus conversaciones
con los espíritus de su pasado?
—Nadie que te importe… no
te metas en mi vida —dijo con molestia el menor mientras sus manos se apretaban
en la cicatriz del costado de su estomagado.
—Ayato-kun, quiero que
sepas algo… siempre puedes hablar conmigo. No voy a obligarte, pero estas
haciendo las cosas mal… no puedes solo mantener contigo algo doloroso —dijo el
mayor cosa que hizo enojar aun más al menor.
—Cállate, no porque me
allá acostado contigo significa que puedes venir a sermonearme por lo que quiero
o no quiero decir hijo de puta. Lárgate de aquí, no quiero ver tu maldita cara —dijo
iracundo a lo que el mayor negó con la cabeza.
—Ayer dijiste que muchos
han visto estas cicatrices, pero que las encuentran repugnantes… yo no lo hago,
entonces explícame por que consideras que son así… porque siempre me estas
rechazando… no puedo solo aceptar una respuesta así y dejarte en paz.
—Maldición Kaneki, puedes
solo dejarme en paz? No quiero hablar de eso, No es mi maldito amigo para que
yo te cuente mis cosas —dijo gritando el más joven.
—Eres realmente testarudo…
Bien, dado que te demoras tanto en el baño tendré que ayudarte a terminar por
que también necesito asearme para ir al trabajo —dijo restándole importancia al
“déjame en paz” tiro con fuerza la mano del menor para hacerlo poner de pie
obteniendo un quejido de dolor del menor— descuida ayato-kun, voy a ayudarte
bastante bien —dijo mientras le apegaba fuerte a la cerámica del baño dejando
la espalda de este a su vista.
—Hey Kaneki esa mierda
duele, lárgate de aquí maldición…voy a hacerlo rápido —protesto el menor, pero
su queja fue ignorada cuando repentinamente sintió unas manos en su trasero
expandiéndolo— ¿Qué…Que estás haciendo? Te dije que no voy a…ahhh….kane..kaneki
—sus palabras seguían siendo ignoradas cuando el mayor tomo la ducha y dejo que
el agua fluyera por aquel orificio rosa que trataba de cerrarse por el
contacto.
—incluso cuando te la metí
hace unas horas su orificio ya se está volviéndose estrecho, realmente eres
toda una virgen Ayato-kun —dijo divertido antes de pasar la lengua por la piel
rugosa
—Aahh…bas…basta Kaneki…
aun me duele —se quejo
—No me pidas que me
detenga si no quieres decirme una mierda, no te entiendo, y si tú no quieres
hacerte entender no me pidas que lo haga. —Dijo molesto, mientras tomaba el
jabón, froto la espalda del menor con delicadeza pasando sus manos por el pecho
de Ayato hasta su abdomen el cual masajeo por breves momentos obteniendo
algunos gemidos por parte del contrario— No voy a hacerte nada, dijiste que
solo era una follada y ya… solo olvidémoslo. —De pronto la voz del mayor se
escucho algo dolida y esto alerto al más bajo.
—Oye Kaneki, yo… ¿Estás
bien? —se atrevió a preguntar, mas cuando quiso voltearse el mayor se lo
impidió. Kaneki no deseaba que este le viera tan lastimero, amaba a este
mocoso, se lo había dicho anoche después de mucho tiempo había logrado decir
esa palabra pero el menor no sentía las mismas cosas por él, hacían que su
corazón doliera a más no poder.
—Sabes Ayato, sobre lo que
dije ayer… considéralo, yo estoy realmente interesado en ti, no eres solo un
juguete como las personas que traía ante. —Expreso mientras bajaba sus manos
con suavidad hasta la entrada del menor, con delicadeza paso el jabón tratando
de no herirle.
—Ahh… mierda… realmente es
como el infierno. —gimió mientras sus puños apretaban contra las baldosas del
baño.
—Lamento haberte
lastimado. Lo haré con más cuidado. —habló el albino masajeando con el pulgar
dejando limpia la zona—. Creo que adelante deberías hacerlo tú… —Fue frenado
por el menor.
—Solo hazlo… ya comenzaste
¿no? —murmuro avergonzado. Kaneki paso la mano hacia adelante comenzando a
masajear el pene del menor, adoraba todo aquel bello cuerpo de Ayato, nadie
podía imaginar lo hermoso que había sido compartir aquella noche, el hecho de
sentir como se unían… era la segunda vez que había hecho el amor en su vida y
no se arrepentía de haberlo hecho con el chico frente a él.
—Oye Kaneki… lo de ayer no
fue desagradable, yo… no quiero sentir cosas por ti no porque tú seas
desagradable. —Dijo un tanto bajo— yo he prometido que no volvería a sentir
cosas por nadie, no puedo romper esa promesa… incluso si ahora mismo yo quiero
que me beses no puedo hacerlo porque yo tengo a alguien que ya amo.
Aquellas fueron las
palabras que terminaron con todo lo que habían hecho “tengo alguien a quien
amo” Kaneki entendió, era por eso que el menor se dedicaba a rechazarlo porque
había alguien que le hacía sentir más cosas que él a Ayato.
—No te preocupes, yo
entiendo bien. No voy a insistir, usted puede solo ser feliz Kirishima-kun. —le
dedico una sonrisa pero Ayato cuando por fin volteo pudo notar la tristeza de
aquello.
—Creo que debo ir a casa. —Expresó,
la culpa lo estaba carcomiendo a Ayato. Kaneki era arrogante y altanero,
siempre estaba sonriendo por todo y a la vez era amable, demasiado amable como
para verlo con aquel rostro, y lo peor de todo era su culpa. El hombre le
estaba confesando que no lo consideraba como el resto de sus encamadas pero él lo estaba rechazando por su amor muerto.
—No… —murmuro el mayor
soltando el pene semi erecto del ojiazul mientras tomaba la ducha—. Saldré a
comprar algo para el desayuno. Pero no te vayas… Por favor. —pidió, el albino
sentía que si lo dejaba ir ahora ya no volvería a tener la oportunidad de pasar
con la persona que realmente le gustaba. Le dolía el hecho que ya hubiera
alguien, podía ser egoísta pero la verdad es que no le importaba serlo mientras
pudiera estar solo unos minutos más con él menor.
—Solo hasta el desayuno. —musito
el menor antes de sentir como él agua envolvía su cuerpo, nunca imagino que
dejaría que Kaneki lo ayudara a asearse, el cuerpo ya enjabonado fue dejando caer la espuma que se encontraba
adherida a su piel. Cuando terminaron Kaneki se dispuso a ayudar al menor quien
no ignoro su ayuda por esta vez, tal vez la culpa o algo se lo impedía solo en
esta ocasión. Pero decidió solo por esa mañana que el mayor lo cuidara, ya
mañana podría volver a todo ser igual, Kaneki su profesor y él solo un alumno
más con unas clases impuestas solo por el odio de Houji, solo debía hacer como
si jamás hubiera estado con Kaneki después de todo pronto solo sería su vecino
y no volvería a verlo en mucho tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario