Biografia (?

Mi nombre es Dan o Danny como deseen llamarme, tengo 23 años, vivo en santiago de chile (si alguien es de aquí hola (?). Me gusta Rolear, Escribir, Yaoi, Dibujar, Leer (esto mucho). No tengo un gusto especifico de música o lectura, soy bastante diverso en ese sentido en cualquier ámbito de vida. mi escritor favorito es Rick Riordan por que me encanta la mitología que enseña. No soy muy interesante... duh... pero al menos tratare de que les guste mis fanfic.

domingo, 6 de noviembre de 2016

el jodido inquilino de arriba: Capitulo 7 (AyaKane)

Los cálidos rayos del sol llegaron a los ojos del menor incomodándole con su resplandor por lo que sus azulinas pupilas se obligaron a abrirse pestañeando por varios segundos como queriendo acostumbrar su vista a la luz que se extendía irritable aquella mañana. Ese no era su apartamento, eso lo había notado apenas su visión había logrado adaptarse «¿Dónde me encuentro?» se pregunto entretanto analizaba el lugar, trato de incorporarse como si su mente quisiera examinar cada detalle de esa mañana pero un horrible quejido escapo de su garganta en el momento que sintió una enorme punzada quemaba en su parte anal.

Lo primero que su cerebro logro maquinar fueron las siguientes palabras «¡Maldito cabrón!» pensó el menor apenas y sintió aquel dolor tan ardiente que quemaba su interior por los desgarro en su entrada, ayer el mayor le había dicho lo que quería y había sido tal cual, aun recordaba claramente aquellas palabras que resonaban tan lucidas como en el momento en que aquel albino había soltado sus deseos para con él «Quiero follarte tan duro que no podrás levantarte para ir mañana a la escuela. Quiero que todos en este edificio escuchen tu voz gritando mi nombre mientras tenemos sexo. Quiero que recuerdes durante todo el día a quien le perteneces y luego volver a follarte una y otra vez nuevamente solo para que sepas a quien le perteneces» Sí… apenas había sentido aquella molestia el primer nombre que había vagado en sus pensamientos más profundos había sido Kaneki Ken.

Una alarma exaspero al menor cuando repentinamente sonaba aquella melodía tan anticuada que tenían aquellos celulares antiguos «”Over the horizon”». Sí, era normal viniendo de un anticuado como Kaneki Ken, además, «¿Quién mierda tenía libros por todas partes?¿Acaso se le había metido un abuelo al cuerpo?» Ese pensamiento le hiso sonreír internamente, pero unas manos que se aferraron fuertemente a sus caderas que se habían elevado suavemente para apaciguar el dolor que tenían como objetivo atraerle más al cuerpo desnudo junto a él, aquella piel sabía a quién le pertenecía, era más que obvio de quien era aquella habitación. Sus recuerdos eran prueba de ello, había dormido con Kaneki Ken.

—Buenos días, Ayato-kun —Dejo escapar de sus labios una voz perezosa y soñolienta que hizo que una sensación como cuando ponías la mano mal en un enchufe y una corriente recorría tu cuerpo atravesara todo el cuerpo del más joven puesto que era primera vez que escuchaba la voz masculina de un hombre al despertar y lo peor de todo es que el de cabellos oscuros se había sorprendido a sí mismo pensando que era lo más erótico que podría haber escuchado sus oídos en una mañana después del sexo, aunque jamás había tenido sexo pero si fuera así todo los días realmente sería agradable despertarse de aquella manera— ¿Cómo has amanecido? —dijo dándole pequeños y numerables besos en la zona del hombro.

—¿Cómo mierda crees que iba a amanecer? —Expreso refunfuñando entretanto aun sentía como el dolor de aquella punzada seguía manteniéndose fuertemente en la zona que atacaba «Esta mierda duele como el infierno» Se dijo a sí mismo el más joven— No sé, quizás… No puedo mover el culo a disposición por qué un maldito me la metió toda la puta noche —dijo el menor con un vocabulario tan decente como solo él sabía usar.

—Eso solo sucede cuando es la primera vez que experimentas ese tipo de intromisión, Ayato-kun —rió divertido por la queja que había emitido el ojiazulino quien aun le daba la espalda— No estés malhumorado y déjame ver tu rostro como es en las mañanas después de tener sexo conmigo en tus fantasías.

—¡Cállate, Jodido pervertido de mierda! —manifestó el menor rehusándose a mirar a aquel albino quien aun daba besos en su hombro. Kaneki lanzo un leve bufido ante la protesta de Ayato antes de usar un poco de fuerza y mover al más joven logrando que este se posara sobre su cuerpo. Ayato podía sentir el torso desnudo de Kaneki mientras ciertas zonas personales se mantenían algo pegadas.

—Así está mejor —dijo en cierto tono picaron al haber logrado un bello sonrojo en las mejillas del menor— ¿sabías que entre más acostumbras la zona anal a tener algo este más se acostumbra? ¿Por qué no ayudamos a que tu trasero se acostumbre? —dijo en tono travieso posando las manos en el redondo y firme trasero del menor el cual apretó descaradamente logrando que un gemido suave aunque mezclado con una pizca de dolor saliera de los labios de Ayato— Aun tenemos tiempo antes de irnos a la escuela.

—¿Piensas que voy a ir a la jodida escuela cuando no puedo mover el puto culo? —Profirió molesto— oh, mira como me pongo la ropa rápidamente para ir a esa mierda —su sarcasmo era evidente.

—Eres todo un caso, usualmente cuando la gente tiene sexo suele levantarse de buen humor… pero contigo es todo siempre lo contrario —exclamo sin apartar la mirada de la del menor entretanto alejaba una de sus manos del trasero de Ayato para acariciar la espalda baja levemente obteniendo ligeros temblores de este.

—Eso es porque a ti no te follaron toda la jodida noche, bastardo. —aunque no era algo que le molestara puesto que lo había disfrutado, sentir como el mayor lo llenaba por completo con su carne se consideraba demasiado “impresionante” si tuviera que describirlo en alguna palabra. Pero, no había imaginado lo tortuoso que sería cuando amaneciera. Su piel aun experimentaba aquella cosa pegajosa que el mayor había soltado en el, en la noche había tenido que ir al baño para poder soltar el semen que aun conservaba en su interior, había descubierto muchas cosas. Como se sentía tener a un hombre en su interior, la sensación que le provocaba Kaneki, el hecho de que tu cuerpo rechaza el semen después de un tiempo por lo que este era expulsado por la irritación y el jodido dolor que se sentía después de haber tenido sexo y más con el tamaño monstruoso que tenía el pene del mayor ¿Qué tamaño tendría? Se pregunto el menor a lo que pronto movió su cabeza a ambos lados logrando el interés del albino.

—¿En que estas pensando? —pregunto curioso Kaneki.

—En nada idiota, y aunque estuviera pensando algo no te lo diría. Además, ya te lo dije ayer… solo sería una noche… nada más —desvío la mirada. No estaba seguro de no querer repetir una vez más aquella maravillosa noche, pero no quería enamorarse del hombre que estaba junto a él en esa cama.

—Si no quieres repetirlo entonces mirarme a la cara Ayato-kun. —exigió Kaneki mientras observaba con seriedad al menor.

—Si alguien descubre esto vas a perder el trabajo, deberías de estar asustado. —se excuso el menor a lo que obtuvo un resoplido del contrario.

—¿Estás seguro de lo que estás diciendo? —pregunto serio.

—Sí, fue una mierda y no quiero volver a tener el culo como lo tengo ahora. Olvídate de repetir esta jodida estupidez.

Aquello pareció llegar al albino el cual siempre se mantenía tranquilo esta vez estaba con el ceño fruncido después de lo que el menor había confesado. “una mierda” “estupidez” “no lo repetirían” el albino realmente se había enojado con las palabras que había utilizado el más joven. Sin mucho cuidado lo empujo hacia el lado quitándolo de encima mientras se levantaba de la cama. Escucho un pequeño quejido de dolor del de cabellos azules.

—Como lo desees Kirishima-kun. No va a repetirse, lamento haberte hecho pasar un mal rato aunque eres un gran actor dado que gemiste como perra toda la noche —inquirió el hombre de cabellos albinos con cierto desdeño.
   
—Nunca gemí como…—las palabras de Ayato fueron cortadas cuando el mayor poso su mano en el mentón— ¿Qué…que estas…

—Kirishima-kun… —dijo suave su apellido ¿Por qué decía su apellido?— No tienes derecho a negarlo, lo hiciste… ahora bien, voy a cumplir con tú deseo. Sigue viviendo tal cual lo hacías antes y yo… yo voy a seguir siendo como siempre. Olvidemos todo esto.

—Si… si como sea, no es algo importante —expreso Ayato ceñudo mientras se levantaba, sus piernas por momentos flaquearon cuando se puso de pie por lo que si no hubiera sido por Kaneki quien rápidamente reacciono evitando su caída al tomarlo por la cintura hubiera estado comiéndose la alfombra del suelo.

—Ten cuidado niño tonto —dijo tranquilo— deberías quedarte hoy día… voy a llamar a la escuela.

—No te preocupes por la jodida perra —dijo con enojo.

—Aya…Kirishima-kun, solo estoy diciendo la verdad sobre los gemidos —Le miro por un momento— además de estar satisfaciendo tus deseos ¿no eres tú él que dice que no quiere volver a repetir esto?  ¿No acabas de decir que fue desagradable? Aunque no por eso voy a dejar que te lastimes, sigues siendo uno de mis alumnos.

—Tch… eres tan jodidamente amable que me irritas —gruño afirmándose un poco en el mayor.

—Lo sé, no entiendo muy bien el hecho de desagradarte tanto Kirishima-kun, pero dado que apenas puedes caminar te quedaras en mi casa descansando —dijo más que en petición fue una orden. Ayato no tenía ganas de quedarse en ese lugar pero era verdad, no iba a poder moverse si las piernas le tambaleaban tanto.

—Voy a quedarme hasta que pueda moverme —murmuro algo avergonzado— pero quiero bañarme… me siento bastante sucio, no quiero ensuciarle su cama sensei —dijo con sarcasmo mientras rodaba los ojos.

—Eres tan tierno a veces —sonrió fingidamente mientras tiraba una de las mejillas del menor con fuerza.

—Aoush… aoush!! No hagas eso jodido imbécil pervertido. —gimoteo mientras posaba la mano encima de la del mayor para quitarla. Un latido por parte de ambos resulto por aquella acción, sus miradas repentinamente se mantuvieron unidas. Kaneki dudaba si acercarse más, pero no podía aguantar las ganas de probar esos labios.

—Ayato… yo… —vacilo un poco antes alejar su mano de la del menor y posarla en la mejilla de este. El ojiazul observo la acción del mayor con algo de duda, deseaba besar al hombre frente a él, su propio corazón se aceleraba… pero… no, enamorarse de Kaneki ken estaba completamente prohibido, apenas este empezó a acercarse la mano de ayato se poso en los labios del albino.

—Imbécil, que estás haciendo… tengo que ir a bañarme ¿vas a ayudarme o no? —dijo tratando de desviar la situación. Kaneki solo resoplo sin responder a la pregunta del contrario y ayudándolo a caminar al baño.

“¿Por qué me rechaza cuando a él realmente parezco gustarle?” se preguntaba el mayor mientras depositaba al menor en la bañera.

—Sobre esas cicatrices… ¿puedo saber…—sus palabras fueron cortadas rápidamente.

—No puedes —dijo fríamente el de cabellos oscuros— olvídate de ellas… yo también me he olvidado hace mucho tiempo de que las tengo. —No era cierto, nunca podría olvidar todo lo que paso cuando obtuvo aquellas cicatrices, el miedo lo consumía y los fantasmas del pasado volvían reclamando el hecho de aun estar vivo.

—Comprendo… no preguntare nada más respecto a esto —dijo el mayor antes de levantarse y dejar solo al menor. Entendía bien que Ayato lo rechazara, no iba a insistir, al parecer aquellas heridas traían consigo algo horrible que el menor deseaba sacar de su vida.

Las manos de ayato se enrollaron entre sus rodillas mientras dejaba que la bañera se llenara, aun era demasiado temprano y Kaneki había dicho que llamaría a la escuela. Nuevamente los recuerdos agolpaban las memorias de ayato, nuevamente sentía los gritos de terror y dolor, una vez más veía a su madre tirada en el piso mientras el lloraba intentado sacarla de aquel montón de escombros.

“¿Por qué crees que tienes derecho a ser feliz?”
“Tu nos asesinaste”
“no te dejaremos ser feliz jamás”
“Mataste a tú madre, Asesino”
“nos mataste a todos, tú eres un asesino”

Miles de voces de niños pequeños agolpaban la cabeza de Ayato, le atormentaban, las lagrimas se colaban por sus ojos mientras sus manos jalaban su cabello con desesperación.

—Lo… Lo siento… ma…madre… lo siento… prometo… prometo ser un buen niño… Mamá…Mami… por favor perdóname… —se lamento mientras un hueco se formaba en su pecho, el hueco del que trataba de escapar.

“Eres horrible… esas marcas siempre estarán en ti, monstruo”
“si no hubieras intentado hacer aquello… aun viviríamos”
“Ayato-kun… ¿ya no me amas?”

—Christa… yo… yo te quiero —gimió

“te acostaste con él, como puedes decir que me quieres. ¿no deberías dejar que el te haga feliz?”

—No… yo… no es eso, sabes que yo no voy a dejar de quererte así solo porque me he acostado con alguien —explico.

“Ayato-kun, sabes que lo mío no fue tu culpa ¿verdad?

—¿Qu..qué? —No, no era así. Si había sido su culpa Ayato siempre se había culpado por la pérdida de aquella persona— no quieras aliviar mi dolor, todo ha sido mi jodida culpa

“Aya-chan, Siempre te he amado… no pierdas la oportunidad de ser feliz por mi”

—No me pidas que te olvide… no puedo hacer eso christa.

“Aya-chan…

—Ayato-kun? ¿Sucede algo? —una voz suave y tranquila elimino todas las voces de su pasado y la voz de aquella chica que siempre estaba en el corazón del menor.

—Estoy bien… no tienes que preocuparte tanto.

—¿Quién es christa? —Aquella pregunta descoloco al menor ¿desde cuándo ha estado escuchando sus conversaciones con los espíritus de su pasado?

—Nadie que te importe… no te metas en mi vida —dijo con molestia el menor mientras sus manos se apretaban en la cicatriz del costado de su estomagado.

—Ayato-kun, quiero que sepas algo… siempre puedes hablar conmigo. No voy a obligarte, pero estas haciendo las cosas mal… no puedes solo mantener contigo algo doloroso —dijo el mayor cosa que hizo enojar aun más al menor.

—Cállate, no porque me allá acostado contigo significa que puedes venir a sermonearme por lo que quiero o no quiero decir hijo de puta. Lárgate de aquí, no quiero ver tu maldita cara —dijo iracundo a lo que el mayor negó con la cabeza.

—Ayer dijiste que muchos han visto estas cicatrices, pero que las encuentran repugnantes… yo no lo hago, entonces explícame por que consideras que son así… porque siempre me estas rechazando… no puedo solo aceptar una respuesta así y dejarte en paz.

—Maldición Kaneki, puedes solo dejarme en paz? No quiero hablar de eso, No es mi maldito amigo para que yo te cuente mis cosas —dijo gritando el más joven.

—Eres realmente testarudo… Bien, dado que te demoras tanto en el baño tendré que ayudarte a terminar por que también necesito asearme para ir al trabajo —dijo restándole importancia al “déjame en paz” tiro con fuerza la mano del menor para hacerlo poner de pie obteniendo un quejido de dolor del menor— descuida ayato-kun, voy a ayudarte bastante bien —dijo mientras le apegaba fuerte a la cerámica del baño dejando la espalda de este a su vista.

—Hey Kaneki esa mierda duele, lárgate de aquí maldición…voy a hacerlo rápido —protesto el menor, pero su queja fue ignorada cuando repentinamente sintió unas manos en su trasero expandiéndolo— ¿Qué…Que estás haciendo? Te dije que no voy a…ahhh….kane..kaneki —sus palabras seguían siendo ignoradas cuando el mayor tomo la ducha y dejo que el agua fluyera por aquel orificio rosa que trataba de cerrarse por el contacto.

—incluso cuando te la metí hace unas horas su orificio ya se está volviéndose estrecho, realmente eres toda una virgen Ayato-kun —dijo divertido antes de pasar la lengua por la piel rugosa

—Aahh…bas…basta Kaneki… aun me duele —se quejo

—No me pidas que me detenga si no quieres decirme una mierda, no te entiendo, y si tú no quieres hacerte entender no me pidas que lo haga. —Dijo molesto, mientras tomaba el jabón, froto la espalda del menor con delicadeza pasando sus manos por el pecho de Ayato hasta su abdomen el cual masajeo por breves momentos obteniendo algunos gemidos por parte del contrario— No voy a hacerte nada, dijiste que solo era una follada y ya… solo olvidémoslo. —De pronto la voz del mayor se escucho algo dolida y esto alerto al más bajo.

—Oye Kaneki, yo… ¿Estás bien? —se atrevió a preguntar, mas cuando quiso voltearse el mayor se lo impidió. Kaneki no deseaba que este le viera tan lastimero, amaba a este mocoso, se lo había dicho anoche después de mucho tiempo había logrado decir esa palabra pero el menor no sentía las mismas cosas por él, hacían que su corazón doliera a más no poder.

—Sabes Ayato, sobre lo que dije ayer… considéralo, yo estoy realmente interesado en ti, no eres solo un juguete como las personas que traía ante. —Expreso mientras bajaba sus manos con suavidad hasta la entrada del menor, con delicadeza paso el jabón tratando de no herirle.

—Ahh… mierda… realmente es como el infierno. —gimió mientras sus puños apretaban contra las baldosas del baño.

—Lamento haberte lastimado. Lo haré con más cuidado. —habló el albino masajeando con el pulgar dejando limpia la zona—. Creo que adelante deberías hacerlo tú… —Fue frenado por el menor.

—Solo hazlo… ya comenzaste ¿no? —murmuro avergonzado. Kaneki paso la mano hacia adelante comenzando a masajear el pene del menor, adoraba todo aquel bello cuerpo de Ayato, nadie podía imaginar lo hermoso que había sido compartir aquella noche, el hecho de sentir como se unían… era la segunda vez que había hecho el amor en su vida y no se arrepentía de haberlo hecho con el chico frente a él.

—Oye Kaneki… lo de ayer no fue desagradable, yo… no quiero sentir cosas por ti no porque tú seas desagradable. —Dijo un tanto bajo— yo he prometido que no volvería a sentir cosas por nadie, no puedo romper esa promesa… incluso si ahora mismo yo quiero que me beses no puedo hacerlo porque yo tengo a alguien que ya amo. 

Aquellas fueron las palabras que terminaron con todo lo que habían hecho “tengo alguien a quien amo” Kaneki entendió, era por eso que el menor se dedicaba a rechazarlo porque había alguien que le hacía sentir más cosas que él a Ayato.

—No te preocupes, yo entiendo bien. No voy a insistir, usted puede solo ser feliz Kirishima-kun. —le dedico una sonrisa pero Ayato cuando por fin volteo pudo notar la tristeza de aquello.

—Creo que debo ir a casa. —Expresó, la culpa lo estaba carcomiendo a Ayato. Kaneki era arrogante y altanero, siempre estaba sonriendo por todo y a la vez era amable, demasiado amable como para verlo con aquel rostro, y lo peor de todo era su culpa. El hombre le estaba confesando que no lo consideraba como el resto de sus encamadas pero él  lo estaba rechazando por su amor muerto.

—No… —murmuro el mayor soltando el pene semi erecto del ojiazul mientras tomaba la ducha—. Saldré a comprar algo para el desayuno. Pero no te vayas… Por favor. —pidió, el albino sentía que si lo dejaba ir ahora ya no volvería a tener la oportunidad de pasar con la persona que realmente le gustaba. Le dolía el hecho que ya hubiera alguien, podía ser egoísta pero la verdad es que no le importaba serlo mientras pudiera estar solo unos minutos más con él menor.

—Solo hasta el desayuno. —musito el menor antes de sentir como él agua envolvía su cuerpo, nunca imagino que dejaría que Kaneki lo ayudara a asearse, el cuerpo ya enjabonado fue  dejando caer la espuma que se encontraba adherida a su piel. Cuando terminaron Kaneki se dispuso a ayudar al menor quien no ignoro su ayuda por esta vez, tal vez la culpa o algo se lo impedía solo en esta ocasión. Pero decidió solo por esa mañana que el mayor lo cuidara, ya mañana podría volver a todo ser igual, Kaneki su profesor y él solo un alumno más con unas clases impuestas solo por el odio de Houji, solo debía hacer como si jamás hubiera estado con Kaneki después de todo pronto solo sería su vecino y no volvería a verlo en mucho tiempo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales